En México, la marginación territorial continúa siendo una gran barrera para miles de familias, perpetuando un ciclo de desigualdad que afecta severamente a las poblaciones más vulnerables. La magnitud de esta compleja problemática se refleja en cifras recientes que resultan sumamente preocupantes: actualmente, el 82.3 % de las infancias y adolescentes que son hablantes de alguna lengua indígena en el país vive en situación de pobreza. Esta dura realidad evidencia cómo las condiciones geográficas y estructurales impiden un desarrollo social equitativo. Los especialistas advierten sobre esta situación, concluyendo que el origen étnico y el lugar de nacimiento lamentablemente siguen siendo factores que determinan y limitan las oportunidades de vida de las niñas y niños mexicanos. Frente a esta crisis, se ha hecho un llamado para implementar medidas urgentes y estructurales. Entre las acciones más necesarias destacan el aumento de la inversión gubernamental en la infancia, así como la garantía de servicios de calidad que cuenten con una adecuada pertinencia cultural. Asimismo, se considera indispensable fortalecer la coordinación entre las distintas instituciones para combatir efectivamente esta exclusión histórica.

