Gloria y la moda sin límites, educar para transformar sueños en realidades

Por Henry Aguilera, Tampa FL, [email protected]

En cada puntada hay una historia. En cada diseño, una oportunidad. Gloria Gutiérrez de Serna lo sabe desde niña, cuando miraba a artistas como Madonna o Michael Jackson y le decía a su mamá que quería vestirse como ellos. “Si no me lo compran, me lo hago”, recuerda entre risas. Esa determinación temprana marcó el rumbo de una vida dedicada a la moda y, sobre todo, a la enseñanza.

Nacida en Caracas, Venezuela, creció en una familia de cinco hermanas, en un hogar donde no abundaba el lujo, pero sí la felicidad. “No éramos ricos, pero teníamos nuestras comodidades. Se vivía feliz”, cuenta. Desde pequeña sintió inclinación por la moda, aunque en aquella época estudiar diseño no era visto como una carrera “seria”. Aun así, decidió formarse profesionalmente y estudió tres años Diseño de Modas en una escuela influenciada por corrientes europeas, reflejo de la migración que recibió Venezuela tras la Segunda Guerra Mundial.

Al graduarse, comenzó trabajando en una empresa de trajes de baño, donde conoció de cerca la industria. Más adelante, se mudó a Colombia, país de su esposo, buscando ampliar su visión en un mercado con mayor movimiento textil. Allí trabajó en una revista de moda de patrones y dio clases en escuelas. Esa experiencia fue clave: “Todas esas ideas me las llevé para Venezuela”.

De regreso a su país, fundó dos academias de diseño de moda: una en Caracas y otra en los Altos Mirandinos. Desde los 27 años comenzó a formar generaciones de estudiantes. Su enfoque siempre fue educativo. “Me gustaba esa parte de enseñar”, afirma. Incluso cuando se graduó, se quedó dando clases en la misma escuela donde estudió.

Sus academias no sólo enseñaban técnica. También abrían puertas. Participaban en eventos importantes, colaboraban en backstage y ofrecían a los alumnos la oportunidad de aprender el movimiento real de la industria. “Yo siempre trato que las alumnas no se queden aquí, que salgan”, explica. La constancia y la exposición eran parte de su filosofía.

Pero el “bendito tema”, como llama a la crisis que golpeó a Venezuela, la llevó a emigrar hace nueve años a EEUU. Llegó con una meta clara: continuar en la moda. Aunque el idioma podía parecer una barrera, decidió enfocarse en el mercado latino. “Hay 60 millones de latinos en EEUU”, dice convencida.

Comenzó alquilando un pequeño espacio dentro de una agencia de modelaje. Poco a poco fue creciendo, apoyándose en redes sociales, en contactos y en la ayuda de su hija, quien desde Venezuela maneja su presencia digital. “Uno no se puede enfrascar en un país nada más. Tienes un mundo”, reflexiona.

Hoy, su academia trabaja con grupos pequeños para ofrecer atención personalizada. Las clases son flexibles, adaptadas a quienes trabajan o estudian. “Clase vista, aquí nadie va a perder su clase”, enfatiza. Su prioridad no es solo enseñar a coser, sino enseñar a hacer bien las cosas. “No es hacer una blusita amarrada, no. Algo bien hecho”.

Ha visto cómo la industria cambia a pasos acelerados. Antes, para vestir a una miss, había que tener boutique o atelier. Hoy, con Instagram y programas digitales, los jóvenes pueden mostrar su talento desde un cuarto. “Lo que a mí me costó años, ustedes en meses lo están aprendiendo”, les dice a sus estudiantes. Sin embargo, insiste en que la base es esencial: técnica, enfoque y disciplina.

Entre sus alumnos hay historias que la llenan de orgullo, como la de un joven con autismo que presentó sus propios diseños en un fashion show. Para ella, no hay límites cuando hay propósito.

Cuando le preguntan qué consejo daría a quienes comienzan en la moda, no duda: “Constancia. Tienes que seguir y seguir. Y salir, codearte, conocer gente”. Cree que hoy las carreras artísticas tienen mayor reconocimiento, pero también más distracciones. “Hay tanta información que hasta te pierdes. Tienes que enfocarte”.

¿Y su futuro? Sonríe. “Yo me veo en una playa, tranquila”. Pero mientras tanto, sigue cosiendo sueños, formando talentos y demostrando que la moda, cuando se enseña con el alma, puede convertirse en oportunidad y transformación para toda una comunidad.