Redacción El Puente. Foto: gemini.google.com
A menudo se piensa que el fútbol es un recién llegado a las tierras norteamericanas, pero su historia es tan antigua y compleja como la del propio país. Lejos de ser un deporte «nuevo», el balompié ha vivido múltiples «eras doradas» antes de alcanzar su relevancia actual.
Los inicios y la primera edad de oro
Todo comenzó en el siglo XIX, impulsado por inmigrantes británicos y europeos. En 1862, se fundó el Oneida Football Club en Boston, considerado el primer equipo organizado de cualquier tipo de fútbol en América. Para los años 20, la American Soccer League (ASL) se convirtió en la segunda liga más popular del país, solo detrás del béisbol, atrayendo a miles de espectadores con equipos como el Bethlehem Steel. El éxito culminó con un sorprendente tercer puesto en el primer Mundial de Uruguay 1930.
La era de los íconos: Pelé y la NASL
Tras décadas de sombras, la North American Soccer League (NASL) revolucionó el panorama en 1975. El fichaje de Pelé por el New York Cosmos, seguido de leyendas como Franz Beckenbauer y Johan Cruyff, sacó al fútbol de los nichos universitarios y lo llevó al prime time. Aunque la liga colapsó financieramente en 1984, sembró la semilla en una nueva generación de jóvenes.
El punto de inflexión: 1994 y la modernidad
La organización de la Copa del Mundo de 1994 cambió todo. Su éxito masivo permitió la creación de la Major League Soccer (MLS) en 1996. Paralelamente, la selección femenina (USWNT) se erigió como una potencia mundial, ganando los mundiales de 1991 y 1999, este último ante más de 90,000 personas.
Hoy, con la llegada de figuras como Messi y la mirada puesta en el Mundial 2026, el fútbol estadounidense ya no busca un lugar en la mesa; ya es parte fundamental del banquete deportivo nacional.
Este crecimiento no es puramente profesional; se manifiesta en cada parque local donde millones de jóvenes practican el deporte semanalmente. Esta base de aficionados ha sido el motor que sostiene la creciente industria. Ante la cercanía del Mundial 2026, el país no solo se alista para albergar el torneo, sino para fortalecer una infraestructura que unirá a comunidades de diversos orígenes bajo una misma pasión, consolidando finalmente al fútbol como un pilar cultural estadounidense.

