Redacción El Kentubano. Foto: gemini.google.com
La historia oficial redactada por el régimen cubano ha intentado borrar o distorsionar el papel de la Iglesia Católica en los primeros años del proceso revolucionario. Sin embargo, para el exilio y la memoria histórica libre, el 16 de mayo de 1960 permanece como una fecha de claridad moral ineludible. Ese día, el Arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor Enrique Pérez Serantes, publicó su histórica pastoral titulada “Por Dios y por Cuba”, la primera gran alerta jerárquica sobre la infiltración y el dominio del comunismo en la isla.
El hombre que salvó a Castro, ahora alertaba sobre él
Resulta una ironía histórica que el régimen prefiere omitir: Pérez Serantes fue el mismo hombre que, en 1953, intercedió para salvar la vida de un joven Fidel Castro tras el asalto al Cuartel Moncada. No obstante, para mayo de 1960, la gratitud no nublaba el juicio del prelado. Al observar cómo las promesas de restauración democrática eran sustituidas por la doctrina marxistaleninista, el Arzobispo decidió romper el silencio.
«No se diga que el comunismo es solo una solución al problema económico… es, ante todo, un sistema que niega los derechos más elementales de la persona humana», sentenciaba la pastoral.
La advertencia contra el «Enemigo a las puertas»
En el texto, Pérez Serantes no anduvo con rodeos. Declaró que el comunismo se había convertido en un «peligro real» que amenazaba con destruir la fe, la familia y la libertad individual. El documento instaba a los cubanos a no dejarse engañar por la retórica de justicia social que ocultaba un totalitarismo ateo. Fue un llamado a la conciencia en un momento en que muchos, seducidos por el populismo de los primeros meses, se negaban a ver la deriva autoritaria.
La respuesta del gobierno de Castro fue inmediata y feroz. La maquinaria de propaganda estatal comenzó a calificar a la Iglesia de «reaccionaria» y «aliada del imperialismo». Esta pastoral fue el detonante de una persecución religiosa sin precedentes que culminaría en 1961 con la expulsión de cientos de sacerdotes y religiosas en el barco Covadonga, la confiscación de colegios católicos y el cierre de publicaciones religiosas. Se inició así un período de «silencio forzado» donde ser creyente se convirtió en un estigma social que cerraba puertas universitarias y laborales.
Educando a las nuevas generaciones
Para los jóvenes educados bajo el materialismo dialéctico en las escuelas de la isla, se les enseñó que la Iglesia se opuso a la Revolución por defender intereses económicos. La realidad, plasmada en «Por Dios y por Cuba», es que la oposición fue doctrinal y humana. Pérez Serantes anticipó con precisión la pérdida de las libertades que el pueblo cubano sufriría en las décadas siguientes. Él comprendió que la entrega de la soberanía individual al Estado absoluto terminaría en la asfixia del espíritu nacional.
Hoy, rescatar este documento es vital para reconstruir la verdad histórica. Representa el testimonio de que hubo voces dentro de Cuba que, con gran riesgo personal, señalaron el abismo hacia el cual se dirigía la nación. Rememorar esta pastoral es un acto de justicia hacia aquellos líderes que identificaron la naturaleza del régimen desde su génesis. Es una pieza fundamental para entender que la resistencia cubana nació del corazón de la identidad nacional y la defensa de los valores espirituales frente al avance de una ideología foránea y deshumanizante.

