Un reciente sondeo del Pew Research Center ha revelado un cambio significativo en la percepción pública sobre el papel de la fe en la administración estadounidense. Según los datos, un 37% de los votantes considera que la religión está ganando peso en el Gobierno y la vida pública, lo que representa un aumento de 19 puntos porcentuales en solo dos años, situando las cifras en niveles similares a los observados en 2002. Aunque una mayoría del 61% sigue opinando que su influencia disminuye, el fenómeno ha cobrado fuerza, respaldado por un contexto de renacer espiritual, especialmente entre los jóvenes. Entre quienes perciben este aumento, una proporción considerable lo valora positivamente. Paralelamente, ha crecido hasta el 17% el número de ciudadanos que aboga por que el cristianismo sea la religión oficial de EEUU. No obstante, esta tendencia convive con una marcada resistencia hacia la intervención institucional: un 79% de los encuestados sostiene que las iglesias no deberían apoyar a candidatos electorales, subrayando la tensión entre el incremento de valores religiosos en la esfera pública y la preferencia ciudadana por mantener la separación entre culto y política.

