El presidente Donald Trump ha avanzado en la construcción de un nuevo salón de baile en la Casa Blanca, una obra que destaca no solo por su diseño, sino por su componente estratégico subterráneo. El proyecto, con un costo estimado de 400 millones de dólares financiados mediante donaciones privadas, ocupa el sitio donde anteriormente se encontraba el Ala Este, demolida en octubre de 2025. Lo que ha generado mayor controversia es la revelación de que, bajo el salón, se construye un complejo militar diseñado para resistir amenazas contemporáneas, incluyendo ataques de drones. El mandatario ha descrito el salón como una «cubierta» protectora para esta instalación, la cual cuenta con cristales blindados y techos reforzados. Aunque Trump defiende la obra como un «regalo» necesario ante un panorama global incierto, la iniciativa enfrenta oposición. Historiadores y sectores críticos cuestionan la transformación del histórico recinto presidencial, mientras un juez federal evalúa una demanda del Fondo Nacional para la Preservación Histórica que busca paralizar las obras hasta obtener la aprobación del Congreso.

