España inicia la regularización de 500.000 migrantes bajo la sombra de la división europea

España puso en marcha su ambicioso plan de regularización extraordinaria para 500.000 personas, una medida que, aunque busca integrar a una fuerza laboral esencial, ha desatado una intensa oleada de críticas y preocupación. Con diez millones de residentes nacidos en el extranjero, el país se enfrenta a un debate nacional sobre la presión en los servicios públicos y el impacto en la identidad nacional. Los detractores advierten que este proceso podría saturar aún más el sistema sanitario y las ayudas sociales. Además, en Bruselas, la iniciativa ha provocado una fricción diplomática considerable. A los funcionarios de la UE les preocupa que estos permisos actúen como un «efecto llamada», socavando la política migratoria restrictiva del bloque. Al otorgar un permiso de residencia que funciona como un pase Schengen, España permitiría el libre tránsito por Europa, lo que muchos países miembros ven como una ruptura de la solidaridad comunitaria. A esto se suma la precariedad del propio plan: el permiso es solo renovable por un año, excluye a quienes tengan antecedentes y no otorga derecho a voto ni una vía clara a la nacionalidad, dejando a miles en un limbo legal a largo plazo. España se arriesga así a convertirse en un experimento fallido que fracture la cohesión europea.