El Informe Mundial sobre las Crisis Alimentarias, respaldado por la ONU, revela una alarmante concentración de la inseguridad alimentaria aguda: dos tercios de los afectados residen en solo diez países. Entre ellos, Sudán, Nigeria y la República Democrática del Congo albergan a un tercio del total de víctimas, mientras que el conflicto armado persiste como la causa principal de este flagelo. Por primera vez en una década, el informe confirma condiciones de hambruna simultáneas en Gaza y Sudán. A nivel global, cerca de 266 millones de personas enfrentan niveles críticos de hambre, cifra que se ha duplicado desde 2016. David Laborde, de la FAO, advirtió que la población en situaciones «catastróficas» se ha multiplicado por nueve, alcanzando los 1,4 millones de personas en riesgo inminente de muerte. Las perspectivas para 2026 se mantienen sombrías debido a los fenómenos climáticos extremos y la inestabilidad en Oriente Medio. El bloqueo de rutas clave como el estrecho de Ormuz ha disparado los precios de fertilizantes y energía, encareciendo la producción agrícola. Ante este escenario, organismos como el FIDA instan a invertir en cultivos resilientes y fortalecer la soberanía alimentaria local para romper el ciclo de dependencia y crisis.

