Fuente: Con información de artículos recogidos de cubanet.org y revistaelestornudo.com.
La Navidad, que fue una celebración importante para los cubanos durante casi cinco siglos, fue prohibida por decreto gubernamental en 1969.
Con el pretexto de que era necesario trabajar sin descanso para lograr 10 millones de toneladas de azúcar al concluir la zafra de aquel período, en 1970, la fiesta fue cancelada. Esa meta no se logró, ni la continuidad de las Navidades tampoco, por casi tres décadas.
Cuando huyó el dictador Fulgencio Batista, en la madrugada del 1 de enero de 1959, pocos imaginaron la magnitud de los cambios que se avecinaban en el país. Mientras esto ocurría, los cubanos celebraban el Año Nuevo como era tradición entonces, con rones, carne, música, arbolito, nueces y turrón.
En lo adelante las cosas empezaron a ponerse difíciles. A partir del año 1963 o 1964, las contradicciones entre Fidel Castro y la Iglesia católica se habían agudizado considerablemente; aunque muchos religiosos apoyaron antes la lucha contra la dictadura de Batista, el progresivo establecimiento de un régimen comunista generó tensiones irreconciliables. A ello se sumaron las escaseces, y el vértigo mismo de aquella Revolución. «Era muy difícil que esas fiestas se mantuvieran», dice Miriam.
A medida que los comunistas iban ocupando puestos clave en el gobierno y las Fuerzas Armadas, la Iglesia incrementó su oposición al estado de cosas y, de hecho, calificó el régimen de incompatible con la fe católica; esa postura fue contestada con un creciente hostigamiento, que incluyó el cierre de medios de comunicación católicos y detenciones masivas de sacerdotes, religiosas y laicos.
El gobierno confiscó colegios y universidades religiosas, prohibió procesiones tradicionales como la de la Virgen de la Caridad del Cobre, y expulsó a cientos de sacerdotes y monjas. Para 1965, numerosos católicos fueron enviados a las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), que no eran más que campos de trabajos forzados con fines «reeducativos».
Pero en la mañana del 2 de enero de 1969, cuando Castro iniciaba su onceno año al mando del país, Granma, el diario oficial del Partido Comunista, anunció la suspensión de las festividades con el pretexto de que el mes de diciembre era fundamental para la producción azucarera: era el año de la Zafra de los Diez Millones.
Nunca se prohibió formalmente la Navidad, pero bastó esa nota en Granma para que se cancelara durante más de 25 años. Simultáneamente, se declaró festivo el día 26 de julio, aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, por lo que medios de prensa extranjeros interpretaron que se trasladaba la Navidad para esa fecha.
Esto no funcionó, y aunque la tradición se fue perdiendo o diluyendo con los años, muchas personas, sobre todo católicas, siguieron celebrando de forma íntima, casi clandestina, a riesgo de ser señaladas por «debilidades ideológicas» y, por consiguiente, ser descartadas para acceder a empleos o centros de estudios.
Nunca más se permitió su celebración hasta 1997. Durante todos esos años, quienes la celebraban, muchas veces a escondidas, eran acusados de tener “debilidades ideológicas”, y su futuro en empleos y centros de estudio se volvía incierto.
Las Navidades se retomaron con la visita del Papa Juan Pablo II a la isla (1998). El gobierno colgó entonces un enorme corazón de Jesús en la Plaza de la Revolución y autorizó a celebrar la Navidad.
En hoteles y cines volvieron los arbolitos para turistas; en iglesias, como la catedral de La Habana, sacaron el pesebre con el niño Jesús a la calle.
Ese año, se declaró feriado el 25 de diciembre, y se comenzó a vender árboles y adornos de Navidad en las tiendas en dólares, las cuales además se engalanaban a propósito de la fecha.
Hoy día, la restricción no viene dada por el Partido Comunista, ni por extinto dictador, sino por la inopia en los bolsillos de la gente, acaso también por su estado de ánimo. Precios exorbitantes, la escasez, y las familias divididas debido al enorme éxodo de los últimos años, convierten esta celebración en un momento triste para los cubanos.

