Yosvani Borrego: El sabor del esfuerzo que cruzó fronteras

Por Henry Aguilera, Tampa FL, [email protected]

Yosvani Borrego nació en Pinar del Río, Cuba, específicamente en el municipio de Los Palacios, un lugar donde la infancia transcurría entre juegos callejeros, escuela y una vida sencilla, muy distinta a la que hoy conocen los jóvenes. “Antes no había tanta tecnología, los muchachos jugábamos todo el tiempo”, recuerda. Creció en un entorno activo, dinámico, donde desde temprano aprendió el valor del trabajo y el ingenio.

Su primer contacto con los negocios llegó mucho antes de emigrar. En Cuba comenzó de manera informal, como muchos, vendiendo productos derivados del cerdo y comida preparada. Más adelante abrió pequeños negocios de bebidas y comidas rápidas. “Siempre me ha gustado negociar”, afirma. En aquellos años, tener una paladar (restaurante) era también una forma de sobrevivir y de crear oportunidades.

El nombre El Divino nació de una inspiración sencilla pero significativa: una novela brasileña llamada Avenida Brasil. En ella aparecía un bar con ese nombre, y la idea se quedó con él. Desde entonces, todo lo que ha construido lleva ese sello, como una marca personal que conecta su pasado con su presente.

Al llegar a Estados Unidos, su visión comenzó a transformarse a partir de una experiencia muy concreta. Vivía con una de sus tías cuando un día le llamó la atención una fila inusualmente larga en la calle. “Le pregunté qué estaban vendiendo ahí”, recuerda. La respuesta fue simple: tacos. No era un restaurante elegante ni un local grande, sino un pequeño food truck que no dejaba de despachar clientes. Aquella imagen se le quedó grabada. “Yo vi esa fila y pensé: esto es lo que quiero hacer”. Fue ese momento, observando a la gente esperar pacientemente por comida mexicana, lo que despertó su decisión de enfocarse en ese tipo de negocio.

Consiguió trabajo en un restaurante mexicano y comenzó desde cero, directamente en la cocina. Para muchos resultaba curioso, casi contradictorio, ver a un cubano sentirse atraído por la cocina mexicana, tan rica, compleja y llena de sazones muy particulares. Sin embargo, lejos de intimidarlo, esa diferencia despertó aún más su interés. Los primeros meses fueron duros: sabores nuevos, ingredientes desconocidos y técnicas completamente distintas. Con disciplina y constancia, fue aprendiendo cada estación, pasando por todos los puestos y funciones del lugar, respetando los procesos y comprendiendo la profundidad de una gastronomía exquisita y exigente. Ese recorrido y su entrega diaria lo llevaron, con el tiempo, a convertirse en el manager del restaurante. Durante dos años trabajó sin faltar un solo día, entrando a las cuatro y media de la mañana.

Ese aprendizaje se convirtió en la base para su siguiente paso: su primer food truck. Durante varios años trabajó sin descanso en distintos estados, incluyendo Texas y Louisiana, vendiendo exclusivamente comida mexicana. A pesar de ser cubano, su comida fue bien recibida. Aprendió bien el oficio, utilizó buen producto y le puso sazón propia.

Con el tiempo comenzó a crear su estilo. No se limitó a repetir recetas tradicionales, sino que fusionó sabores, incorporando sus recetas cubana a la comida mexicana. Así nacieron combinaciones que conectaban culturas y despertaban curiosidad entre los clientes.

Ya establecido en Florida, decidió apostar en grande. Mandó a fabricar food trucks directamente en México, una opción más accesible económicamente, cumpliendo con todos los permisos y regulaciones. Personalizó cada detalle pensando en la funcionalidad y en la experiencia del cliente.

Uno de los golpes más duros llegó con la pandemia. Apenas cuatro días después de abrir un restaurante en Louisiana, comenzaron las restricciones por COVID-19. Sin servicio de entrega y con reglas estrictas, tuvo que cerrar. Aun así, no se detuvo. Regresó al trabajo móvil, adaptándose y manteniéndose activo.

Hoy, El Divino es una realidad renovada. Con poco tiempo desde su apertura en este nuevo formato, ya cuenta con clientes fieles que lo siguen y recomiendan. Para Yosvani, eso es lo más importante: que la gente vuelva.

Mirando al futuro, prefiere crecer con paso firme, según la demanda, priorizando siempre la calidad y el trato cercano. Su meta es clara: seguir expandiendo El Divino sin perder la esencia que lo ha acompañado desde Cuba.

Yosvani Borrego: El sabor del esfuerzo que cruzó fronteras

Su historia es la de quien entendió que el éxito no llega de golpe, sino a fuerza de constancia y entrega diaria. Un hombre que aprendió desde abajo, respetando cada proceso y valorando cada oportunidad. Hoy, ese camino hecho de sacrificios, decisiones valientes y amor por su oficio se refleja en cada plato, en cada cliente y en cada paso dado sin olvidar de dónde viene.