Mildrey Bauta: El poder de creer en un sueño: enseñar, emprender y transformar desde el hogar

Por Henry Aguilera, Tampa FL, [email protected]

Desde muy niña, Mildrey Bauta soñaba con enseñar. En las calles de Sancti Spíritus, Cuba, se imaginaba rodeada de niños, guiándolos con paciencia y ternura. Aunque su carrera profesional comenzó lejos del aula, en contabilidad y finanzas, la vida le ofreció una segunda oportunidad. Un programa de maestros emergentes le permitió reconectar con aquel anhelo infantil, y así fue como ejerció durante siete años como docente en una escuela secundaria básica, una experiencia que marcó su vocación para siempre.

Pero la enseñanza no era su único sueño. Desde adolescente, sentía un deseo profundo: vivir en Estados Unidos. Ese anhelo la llevó a emprender un viaje difícil, de más de cuarenta días, atravesando varios países y enfrentando adversidades con una determinación férrea. Finalmente, logró llegar a su destino, donde comenzó una nueva etapa.

Mildrey Bauta: El poder de creer en un sueño: enseñar, emprender y transformar desde el hogar

Se estableció en Tampa, Florida. Allí, lejos de rendirse ante las dificultades, encontró una oportunidad para reinventarse. Con el apoyo del gobierno, que cubrió el cuidado infantil durante un año, aprovechó ese tiempo para estudiar en línea y obtener las licencias necesarias para abrir su propio centro de cuidado infantil. Fue un proceso exigente que completó con disciplina: rindió exámenes, cursó horas de formación y se certificó en múltiples áreas, desde primeros auxilios hasta atención especializada para bebés y niños con autismo.

Desde 2015, dirige su propio daycare con el mismo amor con el que un día enseñó en Cuba. No es solo un trabajo, afirma con convicción. Para ella, cada niño que llega es una historia en construcción, una pequeña vida en busca de seguridad, afecto y guía. Enseñarles a caminar, hablar, comer o ir al baño es solo una parte; lo esencial está en acompañarlos con empatía mientras aprenden a convivir, compartir y seguir rutinas.

Muchos la llaman “la tía”, una figura familiar, cercana y confiable. “Los niños que entran muy pequeñitos se crían como parte de la familia”, dice. Y esa conexión perdura: algunos, ya mayores, la visitan con cariño o la saludan con entusiasmo cuando la ven por la calle. Incluso participan en las fiestas que ella aún organiza en su centro, celebraciones donde la alegría y el sentido de comunidad se sienten vivos.

Además de su vocación educativa, cultiva dos pasiones que llevan su sello personal: la decoración y la cocina. Desde pequeña, con muy pocos recursos, encontraba formas creativas de embellecer espacios. Hoy, esa sensibilidad florece en cada cumpleaños, evento o reunión familiar que organiza. También es la encargada de preparar los banquetes en su familia, un rol que la llena de satisfacción y que revela otra dimensión de su talento.

Su sueño es convertir estas pasiones en un segundo emprendimiento. Tiene la visión clara: abrir su propia página, ofrecer servicios de decoración y banquetes, y transformar nuevamente un hobby en un modo de vida. “Cuando yo me propongo algo, lo logro”, asegura. Y no es una frase vacía. Habla desde la experiencia de quien ha superado obstáculos, ha empezado de cero en otro país, y ha construido, con amor y propósito, un hogar que también es escuela.

Hoy, ese hogar está lleno de vida. Comparte su día a día con su esposo Yoiris y sus dos hijos, quienes son su motor y su alegría. También cuenta con el apoyo incondicional de su madre y su hermana, quienes la ayudan en sus proyectos y tareas cotidianas. Esa red familiar ha sido clave en su crecimiento personal y en la construcción de sus sueños.

En uno de sus viajes a Cuba, el destino la llevó a despedirse de su padre. Aunque fue un momento doloroso, le quedó el regocijo de haber estado cerca de él en ese instante tan marcado de su vida. Ese adiós, lleno de amor y presencia, le recordó la importancia de las raíces y del acompañamiento en los momentos que realmente cuentan.

En tiempos donde todo parece ir tan rápido, historias como la suya nos invitan a detenernos y valorar lo esencial: el cuidado, la paciencia, la dedicación silenciosa que transforma vidas desde la primera infancia. Esta educadora no solo forma, también siembra raíces de confianza y amor en cada niño que pasa por su vida. Y ese legado, sin duda, florecerá por generaciones.