Realidad y ficción en Memorias del subdesarrollo

Estrenada en 1968 bajo la dirección de Tomás Gutiérrez Alea (“Titón”) y basada en la novela homónima de Edmundo Desnoes, Memorias del subdesarrollo marcó un hito en la cinematografía iberoamericana. La cinta sigue el monólogo interior de Sergio Carmona —interpretado magistralmente por un joven Sergio Corrieri de veintiocho años, caracterizado como un hombre mayor—, un intelectual burgués que permanece en La Habana tras el éxodo familiar en vísperas de la Crisis de Octubre de 1962.

Para traducir en imágenes el distanciamiento existencial del protagonista, Gutiérrez Alea y el director de fotografía Ramón F. Suárez derribaron las fronteras entre la puesta en escena tradicional y el documental puro. Inspirados por el cinéma vérité y la Nouvelle Vague francesa, ocultaron la cámara de 35 milímetros dentro de cajas, automóviles y tras las vidrieras habaneras. Así, Corrieri deambuló por arterias como La Rampa o el Malecón mezclado entre transeúntes reales que ignoraban el rodaje.

El resultado fue de una autenticidad sobrecogedora: los rostros anónimos, las miradas espontáneas dirigidas al lente y el pulso callejero quedaron atrapados sin artificios ni extras contratados. Al ensamblar en el audaz montaje de Nelson Rodríguez estas tomas furtivas con fragmentos de noticieros, fotografías de archivo y debates de la época, “Titón” logró que la propia ciudad se convirtiera en un personaje vivo, consagrando una obra maestra absoluta del cine mundial.