Durante los últimos dos años, Hispanoamérica ha experimentado un contundente giro hacia la derecha que ha reconfigurado su mapa político. Con la única excepción de Uruguay, donde la izquierda triunfó en las elecciones de 2024, las fuerzas conservadoras han encadenado avances decisivos en toda la región. Esta ola tomó gran impulso durante 2025. En Ecuador, el presidente Daniel Noboa logró la reelección tras vencer a la candidata oponente de izquierda. A finales de ese mismo año, el panorama en Chile reafirmó el declive progresista en unas reñidas elecciones donde el candidato de derecha José Antonio Kast desplazó a la izquierda, compitiendo frente a la comunista Jeannette Jara. Leyendo este escenario en pleno mes de agosto de 2026, la tendencia conservadora y afín al «trumpismo» resulta innegable tras los recientes procesos en Colombia y Perú. En territorio colombiano, el abogado Abelardo de la Espriella ganó la presidencia al superar al izquierdista Iván Cepeda. Simultáneamente, en Perú, Keiko Fujimori consolidó esta inclinación al aventajar en el escrutinio a su contrincante Roberto Sánchez. Con este sólido dominio de perfiles políticos de línea dura, el futuro ideológico de Sudamérica queda ahora expectante a lo que suceda en las cruciales presidenciales de Brasil del próximo mes de octubre.

