Richard Santos: aprender, emprender y convertir la experiencia en una oportunidad para otros

Richard Santos: aprender, emprender y convertir la experiencia en una oportunidad para otros

Por Henry Aguilera, Tampa FL, [email protected]

Cuando llegó a Estados Unidos desde República Dominicana tenía unos 15 años y una imagen muy distinta de lo que encontraría. Nueva York lo recibió con otro idioma, una cultura desconocida y edificios que, a sus ojos de adolescente, parecían todos iguales. Una vez salió y no sabía cómo regresar a casa. Sin embargo, en medio de aquella adaptación había algo que tenía claro: quería estudiar. Tanto, que recuerda haber llorado cuando la nieve impedía ir a la escuela.

Después de la secundaria continuó su formación universitaria en sistemas y programación. Allí no se limitó a cumplir con las clases. Fue tutor de otros estudiantes, participó en organizaciones y creó el primer programa de radio en español de su universidad. También conoció de cerca el emprendimiento gracias a un profesor que enseñaba los negocios desde la experiencia práctica. Junto a otros jóvenes comenzó a desarrollar páginas web y sistemas para empresas cercanas al campus.

Richard Santos: aprender, emprender y convertir la experiencia en una oportunidad para otros

Aquellos años también estuvieron marcados por la familia. Su esposa estudiaba junto a él y, durante el último año, nació su primer hijo. Las jornadas podían extenderse desde las siete de la mañana hasta las once de la noche. Luego venían las tareas, los proyectos y las madrugadas atendiendo al bebé. Lejos de recordarlo como una carga, habla de aquella etapa como una experiencia que no cambiaría por nada.

Tras graduarse y mudarse a Tampa comenzó su carrera profesional desarrollando sistemas. En una empresa creó desde cero una herramienta de reportes utilizada por unos 40 empleados. Más adelante aceptó otro empleo con mejor salario, pero después de aproximadamente tres meses todavía no le habían asignado un proyecto. Esa frustración terminó empujándolo hacia una decisión que llevaba tiempo rondándole: construir algo propio.

Comenzó haciendo páginas web y sistemas. Uno de sus primeros clientes terminó conectándolo con una franquicia de oficinas de preparación de impuestos. Con el tiempo pasó de la programación al marketing y adquirió una experiencia que marcaría buena parte de su trayectoria. Trabajó con propietarios, participó en conferencias y acompañó una expansión que llegó a decenas de oficinas, hasta alcanzar 63.

Pero emprender también significó caer y recomenzar. Durante una etapa económica difícil llegó a tener alrededor de 10.000 dólares pendientes de cobro y tuvo que buscar temporalmente un empleo para sostener a su familia, sin abandonar su negocio. Aquel trabajo, lejos de representar una derrota, le permitió comprender mejor la programación como empresa. Después consiguió un proyecto de desarrollo valorado en 50.000 dólares que se extendió durante unos dos años.

Su filosofía se fue formando precisamente entre esos contrastes. “Yo me lanzo. No va a ser la mejor versión, a mí no me importa, yo me lanzo”, explica entre risas. Ha tenido etapas buenas y malas, pero asegura haberse mantenido durante unos 18 años como emprendedor. Esa experiencia hoy la transforma en mentoría, talleres y acompañamiento para dueños de negocios, especialmente en áreas que conoce de primera mano, como marketing, ventas y servicios relacionados con impuestos.

Incluso los eventos con poca asistencia le han dejado aprendizajes. Ha impartido talleres en línea con muy pocos participantes y ha continuado compartiendo el contenido con la misma entrega, entendiendo que cada experiencia suma. Hoy, esa filosofía también guía sus dos compañías, Santiweb y Be+Scale Academy, desde donde acompaña a emprendedores y dueños de negocios. Para él, hacer, probar, aprender y seguir avanzando forma parte del proceso.

Por eso, cuando habla a otros latinos, comienza por algo anterior al dinero o al negocio: la mentalidad. Recomienda conocer el sistema, aprender inglés, capacitarse y comenzar incluso ofreciendo servicios gratis si eso permite ganar experiencia y confianza.

Lo primero es la educación”, afirma. Y quizás no sea casualidad que lo diga aquel muchacho que alguna vez lloró porque la nieve no lo dejaba ir a la escuela. Han pasado los años, los negocios, los tropiezos y muchas horas de aprendizaje, pero esa hambre de crecer sigue intacta. La diferencia es que hoy ya no aprende solo para él: también lo hace para compartir, enseñar y demostrarle a otros latinos que, a veces, una vida puede cambiar cuando alguien te ayuda a creer que sí es posible.