Datos e historia: Ritos inconfesables, prendas de la suerte y supersticiones extremas

Para muchas leyendas del fútbol, el éxito no solo depende de la táctica, sino de cumplir al pie de la letra rituales tan estrictos como insólitos.

Algunas cábalas quedaron inmortalizadas a la vista de millones. En el Mundial de Francia 1998, el defensor Laurent Blanc besaba religiosamente la calva del arquero Fabien Barthez antes de cada encuentro, un rito que acompañó a los galos hasta levantar la copa. Décadas antes, el genio neerlandés Johan Cruyff tenía como norma darle una palmada en el estómago a su portero en el Ajax, Gert Bals, y escupir su chicle en el campo rival antes del pitazo inicial. En la final de la Copa de Europa de 1969 ante el AC Milan, Cruyff olvidó su goma de mascar; aquella noche, el Ajax cayó goleado 4-1.

Dentro del vestuario, las manías rozan lo obsesivo. El histórico capitán del Chelsea, John Terry, escuchaba siempre el mismo disco del cantante Usher camino al estadio, estacionaba su auto en el mismo lugar y utilizaba exclusivamente el mismo urinario de Stamford Bridge. Más extremo aún fue el caso del defensor marfileño Kolo Touré, quien exigía ser siempre el último jugador de su equipo en pisar el césped. En un duelo de Champions League en 2009 con el Arsenal, su compañero William Gallas demoró en salir al segundo tiempo por recibir atención médica; Touré se negó a ingresar antes que él, dejando el partido en marcha sin su presencia y ganándose una tarjeta amarilla al entrar sin permiso arbitral.

Si de entrenadores se trata, el argentino Carlos Salvador Bilardo, campeón mundial en México 1986, elevó las cábalas a cuestión de Estado: desde prohibir que el autobús diera marcha atrás hasta pedir prestada pasta dental en el vestuario antes de cada partido. Ya sea Iker Casillas usando las medias al revés o Cristiano Ronaldo pisando el césped primero con el pie derecho, estos rituales cumplen una función psicológica vital: brindar una ilusión de control frente al deporte más impredecible del planeta.