Un poeta de carretera que nunca soltó el timón

Por Henry Aguilera, Tampa FL, [email protected]

Durante más de cuatro décadas, Alberto Sicilia ha transitado por dos caminos que para muchos parecerían opuestos: el de los camiones y el de la poesía. Él, sin embargo, nunca los vio separados. Mientras conducía por las provincias centrales de Cuba, también escribía, observaba y reunía a jóvenes interesados en la creación literaria. De esa unión nació el apodo que todavía lo acompaña: “el poeta del camión”.

Nació en Sancti Spíritus, aunque desde el día siguiente de su nacimiento creció en Cabaiguán, tierra que reconoce como propia. Se define con orgullo como un guajiro de ese pueblo marcado por la presencia de familias canarias. Sus raíces también se extienden hacia Galicia, una herencia que años después le permitiría obtener la ciudadanía española y emigrar a Estados Unidos.

Su infancia fue tranquila. De su madre recibió la sensibilidad hacia los animales, las plantas y las personas. Su padre le enseñó la puntualidad, la responsabilidad, el respeto por los oficios y el valor del trabajo duro. Esas enseñanzas continúan presentes en su manera de vivir, dirigir proyectos y acompañar a los demás.

Desde muy joven comenzó a publicar poemas en revistas y periódicos. Perteneció a la Asociación Hermanos Saíz y también llegó a formar parte de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Sin embargo, nunca se sintió completamente integrado en los círculos tradicionales. Entre los escritores era visto como camionero; entre los camioneros, como poeta.

Esa posición intermedia, lejos de limitarlo, le permitió abrir un espacio propio. Durante sus viajes organizaba talleres informales en parques y ciudades como Santa Clara, Cienfuegos y Sancti Spíritus. Allí recibía a personas que habían sido rechazadas por instituciones oficiales. Algunos de aquellos jóvenes terminaron publicando numerosos libros.

Yo he vivido más la literatura que lo que tengo escrito”, reflexiona. Su primer volumen permaneció seis años detenido antes de publicarse gracias a una colaboración entre entidades argentinas y cubanas. Ya en Estados Unidos presentó una antología titulada El camión verde y otros pasajes, además de Cláusulas de la sombra. Más recientemente publicó Ric Prado, la pasión del guerrero, una biografía sobre el cubanoamericano que alcanzó el rango más alto dentro de la CIA.

Llegó a Tampa hace algunos años, cuando sintió que la realidad cubana se volvía cada vez más oscura. Un amigo le había prometido que tendría un lugar para él en la ciudad. Como tantos inmigrantes, comenzó desde abajo: enterró cables, repartió paquetes, condujo para aplicaciones y trabajó en jardinería.

Con el tiempo fundó una compañía de limpieza residencial y comercial. También impulsó revistas, editoriales y la fundación Tampa Lector, desde donde promueve clubes de lectura, publicaciones y actividades culturales. En 2024 dirigió la primera Feria Internacional del Libro de Tampa y continúa trabajando en nuevos encuentros, incluyendo proyectos dedicados a los niños.

Su vida está organizada alrededor de equipos. Prefiere rodearse de personas capacitadas, distribuir responsabilidades y aprovechar las primeras horas del día. Esa disciplina le permite atender sus negocios, escribir, leer y compartir con sus seis hijos y seis nietos.

También utiliza sus relaciones con instituciones históricas de Tampa para conectar a quienes llegan buscando empleo, orientación o una oportunidad. Considera que ayudar a otros es una forma de crecer y de prepararse para los cambios inesperados de la vida.

A la comunidad hispana le recuerda que Estados Unidos ofrece posibilidades, pero exige adaptación, esfuerzo y aprendizaje. Invita a no abandonar las raíces, a preservar la estructura familiar y a mantener viva la lectura frente al exceso de pantallas.

El conocimiento abre puertas”, asegura. Su propia vida lo demuestra: las palabras y el trabajo pueden avanzar juntos cuando existe disciplina, sensibilidad y voluntad de servir. Hoy sigue al volante de nuevos proyectos, convencido de que cada libro, cada amistad y cada gesto de apoyo puede ayudar a construir una comunidad más unida.