Por Henry Aguilera, Tampa FL, [email protected]
Para Ivelisse Rivera, los sueños no son promesas lejanas, sino caminos posibles. Nacida y criada en Puerto Rico, la menor de tres hermanos creció en un hogar lleno de valores, unión familiar y aspiraciones grandes. Desde niña deseaba tener su propia compañía, y aunque la vida la llevó por distintos caminos, ese anhelo nunca la abandonó.
Su historia en Estados Unidos comenzó como la de muchos inmigrantes: con incertidumbre, sin hablar inglés y empezando desde cero. Pero con paciencia, esfuerzo y fe, construyó una carrera de 15 años en el campo médico antes de tomar una decisión que transformaría su vida y la de muchas personas: apostar por la industria de la aviación.
Junto a su esposo, Amaudy Torres, y con el impulso y experiencia de su hermano, ex oficial de la policía y fundador de tres escuelas de aviación en Puerto Rico, en 2020 fundaron un centro educativo especializado en electrónica para aviación, justo en medio de la pandemia. Su visión era clara: hacer accesible una carrera técnica de alta demanda, sin que el idioma, el costo o el desconocimiento fueran barreras.
“La aviación muchas veces se percibe como algo lejano, solo para pilotos o astronautas. Pero hay mucho más detrás. Nosotros quisimos abrir esa puerta para los hispanos y demostrar que sí se puede”, comparte con orgullo.
El programa que dirige tiene una duración de seis meses y se enfoca en instalaciones electrónicas, sistemas de comunicación y navegación en aviones. Además, el centro está certificado para administrar los exámenes para obtener licencias de la FCC (Federal Communications Commission), lo que permite a los egresados acceder a trabajos no solo en aviación, sino también en sectores como transporte, seguridad pública y tecnología militar.
“Tenemos estudiantes que ya trabajaban en aerolíneas quitando asientos, y hoy están ascendiendo a puestos más técnicos. Hay ingenieros que vienen a especializarse con nosotros, y jóvenes que salen sin deuda porque damos facilidades de pago sin intereses”, explica. Todo está diseñado para que nadie quede fuera por razones económicas.
Pero su compromiso va más allá de las aulas. En alianza con organizaciones como Boys & Girls Club y asociaciones de aviación del área de Tampa, han desarrollado campamentos de verano para niños y niñas, incluyendo menores en situaciones vulnerables. Estos programas les enseñan a soldar, armar radios, conocer simuladores de vuelo y descubrir la ciencia detrás de la aviación. Una de las visitas incluyó a una astronauta de la NASA que les recordó a las niñas: “Yo soy como ustedes. Con perseverancia y estudio, también pueden lograrlo”.
“La cara de esas niñas cuando encendieron su primer radio, o cuando una piloto les habló como iguales… eso no tiene precio”, comenta emocionada. Para ella, sembrar esa semilla en la niñez es tan importante como formar a técnicos certificados. “Queremos que los niños sueñen en grande, que vean que hay un mundo más allá de las pantallas”.

Mirando al futuro, sueña con expandir el proyecto, añadir nuevos programas como mantenimiento de drones y seguir integrando a más jóvenes a una industria que, entre 2026 y 2030, enfrentará una gran escasez de técnicos calificados. “Queremos crecer, pero sin perder de vista nuestra esencia: formar desde el corazón, con acceso, dignidad y propósito”.
Con los pies en la tierra y la mirada en el cielo, esta emprendedora puertorriqueña y su esposo han construido más que una escuela. Han creado un puente hacia el futuro, especialmente para los hispanos que buscan una nueva oportunidad. Y lo han hecho fieles a su lema no dicho, pero vivido: que soñar es el primer paso… pero actuar lo cambia todo.

