La aviación comercial venezolana atraviesa una etapa de fuerte deterioro, marcada por una flota envejecida y la cancelación de más de una decena de rutas internacionales. En la práctica, el país opera con un número muy limitado de aeronaves comerciales: cerca de 20 aviones continúan en actividad, gestionados por aerolíneas locales con escasa presencia fuera de Venezuela, muchos con más de una década de uso, cubren la demanda interna y los pocos vuelos internacionales disponibles. Como consecuencia, los precios de los pasajes aumentaron y las rutas se volvieron más largas y complejas, ya que los pasajeros deben realizar escalas en países vecinos para completar sus viajes. Esta situación ha profundizado el aislamiento del país y ha tenido un impacto sobre millones de pasajeros, además de complicar el transporte de bienes básicos. Esta realidad contrasta con el pasado del país, cuando Caracas funcionaba como un importante centro regional de conexiones. En las décadas de 1970 y 1980, el auge petrolero permitió subsidios estatales que impulsaron el turismo y los viajes internacionales, e incluso facilitó la llegada de vuelos emblemáticos como el Concorde de Air France.

